Los antiinflamatorios son medicamentos diseñados para reducir la inflamación, el dolor y la fiebre en el organismo. Su mecanismo de acción se basa en la inhibición de las enzimas ciclooxigenasas (COX), responsables de la producción de prostaglandinas, sustancias que desencadenan la respuesta inflamatoria.
Cuando se produce una lesión o infección, el organismo activa un proceso natural de defensa que incluye enrojecimiento, hinchazón, calor y dolor en la zona afectada. Los antiinflamatorios intervienen en este proceso, bloqueando las señales químicas que perpetúan la inflamación.
Existen dos tipos principales de antiinflamatorios:
Los beneficios terapéuticos principales incluyen el alivio del dolor articular y muscular, la reducción de la fiebre, el control de la inflamación en procesos agudos y crónicos, y la mejora de la movilidad en afecciones del sistema musculoesquelético. Su uso adecuado permite recuperar la funcionalidad normal y mejorar significativamente la calidad de vida del paciente.
En el mercado farmacéutico español, diversos AINES han demostrado gran eficacia y popularidad entre profesionales sanitarios y pacientes. Cada uno presenta características específicas que los hacen idóneos para diferentes situaciones clínicas.
Disponible en marcas como Espidifen, Neobrufen y Dalsy, es uno de los antiinflamatorios más utilizados. Se presenta en comprimidos, sobres y suspensión oral. La dosis habitual en adultos es de 400-600 mg cada 6-8 horas, sin superar 2.400 mg diarios. Está indicado para dolor de cabeza, dolor dental, dolor menstrual y procesos febriles.
Comercializado como Voltaren y Cataflam, se caracteriza por su potente acción antiinflamatoria. Disponible en comprimidos, gel tópico y ampollas inyectables. La dosis oral recomendada es de 50 mg cada 8 horas. Es especialmente eficaz en dolores articulares, traumatismos deportivos y procesos reumáticos.
El naproxeno (Antalgin, Naprosyn) ofrece acción prolongada con dosis de 500 mg cada 12 horas. El dexketoprofeno (Enantyum) proporciona alivio rápido del dolor con 25 mg cada 8 horas, siendo muy efectivo en dolor agudo de intensidad moderada a severa.
Los medicamentos antiinflamatorios constituyen una solución eficaz para el tratamiento de múltiples afecciones que cursan con dolor e inflamación. Su versatilidad terapéutica los convierte en herramientas fundamentales tanto para el manejo de patologías agudas como crónicas.
Proporcionan alivio significativo en contracturas musculares, dolores cervicales, lumbalgias y molestias articulares derivadas del desgaste o sobrecarga física diaria.
Especialmente indicados para tratar esguinces, contusiones, tendinitis y otras lesiones deportivas, reduciendo eficazmente la inflamación y acelerando el proceso de recuperación.
Ofrecen un control efectivo del dolor de cabeza de diferentes orígenes, desde cefaleas tensionales hasta episodios migrañosos de intensidad moderada.
Actúan como antipiréticos, normalizando la temperatura corporal en procesos gripales, resfriados y otras infecciones acompañadas de fiebre.
Constituyen un pilar fundamental en el tratamiento sintomático de artritis reumatoide, artrosis y otras patologías reumáticas, mejorando la calidad de vida del paciente.
La industria farmacéutica española ofrece múltiples presentaciones de antiinflamatorios para adaptarse a las necesidades específicas de cada paciente y situación clínica. Esta diversidad permite optimizar la eficacia terapéutica según el tipo de afección y las preferencias individuales.
Cada presentación aporta ventajas particulares: rapidez de acción, comodidad de uso, menor irritación gástrica o mayor adherencia al tratamiento, permitiendo personalizar la terapia antiinflamatoria.
Los antiinflamatorios pueden causar irritación gástrica, úlceras y sangrado digestivo, especialmente con el uso prolongado. Es fundamental tomarlos con alimentos o leche para reducir el riesgo de molestias estomacales. Las personas con antecedentes de úlceras pépticas, gastritis o enfermedad de Crohn deben evitar estos medicamentos o usarlos bajo estricta supervisión médica.
Los antiinflamatorios pueden interactuar con anticoagulantes, aumentando el riesgo de hemorragias, y con antihipertensivos, reduciendo su eficacia. También pueden potenciar la toxicidad del metotrexato y afectar la función renal cuando se combinan con diuréticos.
Durante el embarazo, especialmente en el tercer trimestre, los antiinflamatorios están contraindicados por riesgo de complicaciones fetales y del parto. En la lactancia, algunos pueden pasar a la leche materna, por lo que se requiere evaluación médica.
Las personas con hipertensión, insuficiencia cardíaca o antecedentes de infarto deben usar estos medicamentos con precaución, ya que pueden aumentar el riesgo de eventos cardiovasculares.
Es crucial respetar las dosis recomendadas y no prolongar el tratamiento más allá de lo indicado. El uso excesivo puede provocar efectos adversos graves y dependencia.
Antes de tomar cualquier antiinflamatorio, es esencial leer detenidamente el prospecto para conocer las indicaciones, contraindicaciones, efectos adversos y posibles interacciones. Esto garantiza un uso seguro y eficaz del medicamento.
Debe suspender el tratamiento y consultar inmediatamente si presenta:
Como complemento, pueden considerarse aplicaciones de frío o calor local, reposo de la zona afectada, y remedios naturales como árnica o cúrcuma, siempre bajo supervisión profesional.
Su farmacéutico es el profesional más accesible para resolver dudas sobre dosis, interacciones y efectos adversos. Consulte siempre antes de combinar medicamentos.
Busque atención médica si el dolor persiste más de una semana, empeora progresivamente, se acompaña de fiebre alta o afecta significativamente su calidad de vida.