La artritis es una condición médica que causa inflamación en una o más articulaciones del cuerpo, provocando dolor, rigidez y limitación en el movimiento. Esta enfermedad afecta a millones de personas en España y puede presentarse en diferentes formas, siendo las más comunes la artritis reumatoide y la osteoartritis.
La osteoartritis, también conocida como artrosis, es el tipo más frecuente y se caracteriza por el desgaste del cartílago articular debido al envejecimiento o uso repetitivo. Por otro lado, la artritis reumatoide es una enfermedad autoinmune donde el sistema inmunitario ataca las propias articulaciones, causando inflamación crónica.
Los síntomas más habituales incluyen dolor articular persistente, hinchazón, rigidez matutina y dificultad para realizar movimientos cotidianos. Las zonas más afectadas suelen ser las manos, rodillas, caderas, columna vertebral y pies. Los factores de riesgo comprenden la edad avanzada, el sobrepeso, lesiones previas, predisposición genética y ciertos trabajos que requieren movimientos repetitivos. Las mujeres mayores de 50 años presentan mayor vulnerabilidad, especialmente para la artritis reumatoide. El diagnóstico temprano es fundamental para iniciar un tratamiento adecuado que retrase la progresión de la enfermedad y mejore la calidad de vida del paciente.
Los AINEs constituyen el pilar fundamental del tratamiento farmacológico para la artritis, ya que reducen eficazmente la inflamación articular, alivian el dolor y mejoran la movilidad. Estos medicamentos actúan inhibiendo las enzimas ciclooxigenasas, responsables de la producción de sustancias inflamatorias en el organismo.
Estos medicamentos están disponibles en diversas presentaciones: comprimidos, cápsulas, geles tópicos y soluciones inyectables. La administración oral debe realizarse preferentemente con alimentos para minimizar la irritación gástrica.
Los efectos secundarios más frecuentes incluyen molestias gastrointestinales, úlceras pépticas, retención de líquidos y elevación de la presión arterial. Están contraindicados en pacientes con úlcera péptica activa, insuficiencia renal grave, insuficiencia cardíaca severa y durante el tercer trimestre del embarazo. Se requiere especial precaución en adultos mayores y personas con antecedentes cardiovasculares.
El paracetamol representa el tratamiento inicial más recomendado para el manejo del dolor artrítico en España. Con una dosis máxima de 4 gramos diarios, ofrece un perfil de seguridad excelente y eficacia comprobada para el alivio sintomático. Su acción analgésica y antipirética lo convierte en la opción preferida antes de considerar antiinflamatorios más potentes.
Los tratamientos tópicos como la capsaicina (Capsidol, Katrum gel) proporcionan alivio localizado mediante el agotamiento de la sustancia P en las terminaciones nerviosas. Las cremas y geles antiinflamatorios ofrecen una alternativa con menor riesgo de efectos sistémicos.
La selección del medicamento debe basarse en la intensidad del dolor, el tipo de artritis y las características individuales del paciente.
Los FAME constituyen el pilar fundamental en el tratamiento de la artritis reumatoide en España, actuando directamente sobre la progresión de la enfermedad. El metotrexato se establece como el fármaco de primera elección debido a su eficacia demostrada y perfil de seguridad conocido. Su administración semanal, combinada con ácido fólico, ha demostrado ralentizar significativamente el daño articular y mejorar la calidad de vida de los pacientes.
Los medicamentos biológicos representan una revolución terapéutica para casos refractarios o graves, dirigiéndose específicamente a mediadores inflamatorios como el TNF-alfa. Los corticosteroides, tanto orales como inyectables, proporcionan alivio rápido en brotes agudos.
La prescripción de estos medicamentos requiere supervisión especializada y seguimiento estrecho para optimizar beneficios y minimizar riesgos.
El tratamiento exitoso de la artritis requiere un seguimiento estricto de las prescripciones médicas. Cada medicamento antiinflamatorio y analgésico tiene una dosificación específica que debe respetarse para garantizar su eficacia y minimizar los efectos adversos. La automedicación o el cambio de dosis sin supervisión médica puede comprometer seriamente el tratamiento y agravar los síntomas articulares.
Los medicamentos para la artritis pueden interactuar con otros fármacos de uso común. Los antiinflamatorios no esteroideos (AINE) pueden potenciar el efecto de los anticoagulantes como el sintrom, aumentando el riesgo de hemorragias. También pueden reducir la eficacia de algunos antihipertensivos y diuréticos. Es fundamental informar al farmacéutico sobre todos los medicamentos que está tomando, incluyendo suplementos y productos de parafarmacia.
Los pacientes con historial de úlceras pépticas, gastritis o reflujo gastroesofágico deben extremar las precauciones al usar antiinflamatorios. Se recomienda tomar estos medicamentos siempre con alimentos y considerar el uso de protectores gástricos como el omeprazol. Los síntomas como dolor abdominal intenso, heces negras o vómitos deben ser consultados inmediatamente con un profesional sanitario.
Durante el embarazo y la lactancia, muchos medicamentos antiinflamatorios están contraindicados o requieren precauciones especiales. El paracetamol suele ser la opción más segura para el control del dolor articular en estas etapas. Los AINE deben evitarse, especialmente durante el tercer trimestre del embarazo. Siempre consulte con su médico o farmacéutico antes de tomar cualquier medicamento durante estos períodos.
Es importante buscar asesoramiento profesional en las siguientes situaciones:
Para mantener la efectividad de los medicamentos antiartríticos, guárdelos en un lugar fresco y seco, alejado de la luz directa y fuera del alcance de los niños. Evite almacenarlos en el baño o la cocina donde la humedad puede afectar su estabilidad. Verifique regularmente las fechas de caducidad y deseche apropiadamente los medicamentos vencidos en el punto SIGRE de su farmacia.
Diversos suplementos pueden complementar el tratamiento farmacológico de la artritis. La glucosamina y condroitina han demostrado beneficios en la salud articular, especialmente en casos de artrosis. La cúrcuma, gracias a su principio activo curcumina, posee propiedades antiinflamatorias naturales. El colágeno hidrolizado puede ayudar a mantener la estructura del cartílago. Consulte con su farmacéutico sobre la calidad y dosificación adecuada de estos suplementos.
Los ácidos grasos omega-3, especialmente el EPA y DHA, tienen reconocidas propiedades antiinflamatorias que pueden beneficiar a los pacientes con artritis reumatoide y otras formas inflamatorias de la enfermedad. Se recomienda una ingesta diaria de 2-3 gramos de omega-3 de calidad farmacéutica. Estos suplementos pueden ayudar a reducir la rigidez matutina y la intensidad del dolor articular cuando se usan de forma continuada durante al menos 3 meses.
El ejercicio regular y adaptado es fundamental en el manejo de la artritis. La natación y los ejercicios acuáticos son especialmente beneficiosos ya que reducen el impacto sobre las articulaciones mientras fortalecen los músculos. Las caminatas suaves, el tai chi y el yoga pueden mejorar la flexibilidad y reducir la rigidez. Es importante mantener un equilibrio entre actividad y descanso, evitando el sedentarismo pero sin sobrecargar las articulaciones afectadas.
La fisioterapia desempeña un papel crucial en el tratamiento integral de la artritis. Los profesionales especializados pueden diseñar programas de ejercicios específicos para mantener la movilidad articular y fortalecer la musculatura periarticular. Las técnicas de termoterapia, crioterapia y electroterapia pueden proporcionar alivio del dolor y reducir la inflamación. La fisioterapia regular puede ayudar a prevenir deformidades y mantener la funcionalidad articular a largo plazo.
Una dieta rica en alimentos antiinflamatorios puede complementar significativamente el tratamiento médico. Los alimentos recomendados incluyen:
Existen diversas estrategias no farmacológicas que pueden ayudar a controlar el dolor articular. La aplicación de calor mediante compresas o baños tibios puede aliviar la rigidez matutina, mientras que el frío puede reducir la inflamación aguda. Las técnicas de relajación, meditación y mindfulness pueden ayudar a gestionar mejor el dolor crónico. Los masajes terapéuticos y la acupuntura también han mostrado beneficios en algunos pacientes. La educación sobre el manejo del dolor y el establecimiento de rutinas de autocuidado son elementos clave para mejorar la calidad de vida.