Los trastornos digestivos comunes afectan a millones de españoles diariamente, manifestándose a través de síntomas como dolor abdominal, náuseas, sensación de pesadez y alteraciones en el tránsito intestinal. Estos problemas pueden impactar significativamente la calidad de vida de quienes los padecen.
La gastritis es la inflamación de la mucosa gástrica, frecuentemente causada por el consumo de antiinflamatorios, alcohol, estrés o la bacteria Helicobacter pylori. Se manifiesta con dolor epigástrico, náuseas y sensación de ardor.
La dispepsia funcional produce molestias digestivas sin causa orgánica identificable, mientras que el síndrome del intestino irritable se caracteriza por dolor abdominal asociado a cambios en el hábito intestinal.
Las recomendaciones dietéticas incluyen comidas frecuentes y pequeñas, evitar alimentos irritantes como picantes, café y alcohol, y mantener una alimentación rica en fibra para favorecer la digestión.
El reflujo gastroesofágico es una condición donde el ácido del estómago regresa hacia el esófago, causando irritación y síntomas molestos. Esta patología afecta aproximadamente al 15% de la población española y puede convertirse en un problema crónico si no se trata adecuadamente.
Los síntomas más característicos incluyen acidez o pirosis, regurgitación ácida, dolor torácico que puede confundirse con problemas cardíacos, tos seca persistente y sensación de quemazón retroesternal, especialmente después de las comidas.
Los inhibidores de la bomba de protones como esomeprazol y rabeprazol son altamente efectivos para reducir la producción de ácido. Los antagonistas H2 como famotidina ofrecen alivio moderado, mientras que los antiácidos de acción rápida como carbonato cálcico proporcionan alivio inmediato pero temporal.
Es fundamental consultar al médico cuando los síntomas persisten más de dos semanas, aparece dificultad para tragar o se presenta pérdida de peso inexplicada.
La diarrea es uno de los trastornos gastrointestinales más frecuentes, caracterizada por deposiciones líquidas o semilíquidas con mayor frecuencia de lo normal. Se clasifica principalmente en dos tipos: aguda, cuando dura menos de 14 días, y crónica, cuando persiste más de cuatro semanas.
Las causas más comunes incluyen infecciones virales, bacterianas o parasitarias, intolerancias alimentarias, efectos secundarios de medicamentos como antibióticos, y el consumo de alimentos en mal estado. El estrés y ciertos trastornos intestinales crónicos también pueden desencadenar episodios diarreicos.
Los antidiarreicos como la loperamida y el racecadotrilo ayudan a reducir la frecuencia de las deposiciones. Los probióticos (Lactobacillus, Bifidobacterium, Saccharomyces boulardii) restauran la flora intestinal, mientras que las sales de rehidratación oral previenen la deshidratación. Los adsorbentes intestinales como la diosmectita protegen la mucosa intestinal.
Durante episodios diarreicos, se recomienda una dieta blanda y abundante hidratación. Es crucial buscar atención médica inmediata si aparecen síntomas como fiebre alta, sangre en las heces, deshidratación severa o dolor abdominal intenso.
El estreñimiento crónico se define como la dificultad persistente para evacuar, con menos de tres deposiciones por semana durante al menos tres meses. Este problema afecta significativamente la calidad de vida y requiere un enfoque terapéutico integral.
Los laxantes osmóticos como lactulosa, macrogol y sorbitol aumentan el contenido de agua en el intestino. Los laxantes estimulantes como sen y bisacodilo estimulan la motilidad intestinal. La fibra dietética, especialmente plantago ovata y metilcelulosa, incrementa el volumen fecal naturalmente.
Para casos puntuales, los enemas y supositorios de glicerina o fosfato sódico proporcionan alivio rápido. Es fundamental mantener una adecuada hidratación, realizar ejercicio regular y establecer horarios fijos para las deposiciones, creando así hábitos intestinales saludables a largo plazo.
Las náuseas y vómitos son síntomas comunes que pueden tener múltiples causas, desde trastornos digestivos hasta efectos secundarios de medicamentos. La cinetosis o mareo por movimiento es una causa frecuente durante viajes en coche, barco o avión, mientras que las náuseas por embarazo afectan a muchas mujeres durante el primer trimestre.
Los antieméticos como el dimenhidrinato y la metoclopramida son efectivos para controlar las náuseas y vómitos. Los antihistamínicos como meclozina y prometazina también proporcionan alivio, especialmente en casos de cinetosis.
La hidratación adecuada y la reposición de electrolitos son fundamentales cuando hay vómitos frecuentes. Es necesaria evaluación médica si los síntomas persisten más de 24 horas, hay signos de deshidratación severa o se acompañan de fiebre alta. Para prevenir náuseas durante viajes, se recomienda tomar medicación 30 minutos antes del desplazamiento.
La flatulencia excesiva y la distensión abdominal pueden causar molestias significativas en la vida diaria. Las causas principales incluyen aerofagia (tragar aire en exceso) y fermentación intestinal de ciertos alimentos como legumbres, crucíferas, lácteos y edulcorantes artificiales.
Los antiflatulentos como la simeticona y el carbón activado ayudan a reducir la acumulación de gases intestinales. Las enzimas digestivas, incluyendo lactasa para intolerancia a la lactosa y alfa-galactosidasa para legumbres, facilitan la digestión y reducen la fermentación.
Las modificaciones dietéticas incluyen reducir alimentos fermentables y comer despacio para evitar tragar aire. Técnicas como masticar bien los alimentos, evitar chicles y bebidas carbonatadas, junto con ejercicios suaves y posturas específicas como la posición fetal, ayudan a eliminar gases naturalmente.